La epidemia del nuevo coronavirus ha obligado a que la mayoría de los capitalinos permanezcan en sus casas y han dejado las calles vacías. Sin embargo, la crisis sanitaria muestra también el rostro de una urbe ocupada por personas sin hogar y otros que deben lidiar día a día con una profunda soledad. La soledad de calles y veredas se ha vuelto para algunos en la única compañía en el periodo de aislamiento. Algunos ancianos se ven obligados a valerse por sí mismos y desafiar al virus por la ausencia o abandono de sus familiares. (I)