Santa Cruz.- “Muchas personas atacan el mar, yo le hago el amor”. La extravagante frase del navegante francés Jacques Cousteau quizá refleja todo lo que la profundidad marina le inspiró. Y su prosopopeya se reaviva cuando advertimos que el jardín turquesa insondable es, ciertamente, bramido, agitación, deseo -codicia para los grandes barcos pesqueros-, amor, creación y vida. Las islas Galápagos, ornamentadas con sus exóticas especies, son un testimonio de vida, de ahí que lobos marinos, tortugas o iguanas cohabiten completamente ajenos a la crueldad del hombre y copulen sin miedo, sin pudor (¿como Cousteau?), preservando vida. Las Grietas, El Muro de las Lágrimas o Los Túneles, sitios de belleza deslumbrante, muestran el talento, y el amor, con los que la caprichosa arquitectura natural esculpió a Galápagos. (I) {unitegallery galapagos_27_08_17}