V Mis pies,tratando de recordarel caminopara llegar al lugarque hace añosdescubríacon los ojos cerrados. Antiguos fuegosllenan mi cabeza,sería mejor correrhuir de lo inmutable,quedarme transeúnte.Tengo miedo al fracasoyal triunfo,también. Ulises Estrella Algunas personas, como centros gravitatorios, reúnen a su alrededor a otros seres, habilidades, artes. Este es el caso de Ulises Estrella Mora (1939-2014), quiteño acérrimo, poeta, cineasta, hombre solar que incursionó en todas las áreas del arte. Propuso una forma de entender el mundo y vivir su ciudad. En 1961, junto a otros jóvenes artistas —Rafael Larrea, Marco Muñoz, Raúl Arias, Antonio Ordóñez, Simón Corral, Alfonso Murriágui y Marco Velasco—, fundó el grupo de los tzánzicos. Buscaban estos nóveles poetas “reducir la cabeza de lo falsamente agrandado”, tal como se hacía con las cabezas reducidas o tzantzas. Los tzántzicos tenían una propuesta clara: trasladar el arte de los círculos burgueses hacia la calle, al pueblo, para darle cuerpo. Por eso se los veía en plazas y parques en recitales. Y Ulises Estrella, sin ser uno de los más radicales, sí se convirtió en una de sus figuras icónicas. Poemarios suyos son: Clamor (1962); Ombligo del mundo (1966); Convulsionario (1975); Aguja que rompe el tiempo (1980); Fuera del juego (1983); 60 poemas (1984); Interiores (1986); Furtivos, poemas furtivos (1988); Peatón de Quito (1994, edición bilingüe) y Mirar de frente al sol (1997). Pero la visión de Estrella no iba solo en pos de la poesía, sino que también se desarrolló en el cine. Un largometraje de su autoría es Cartas al Ecuador. Fue también miembro del Comité de Cineastas de América Latina, en 1981 fundó la Cinemateca de la Casa de la Cultura, una institución que, sobra decirlo, se ha convertido en un refugio para cineastas y aficionados. Por supuesto, Ulises Estrella fue director de la Cinemateca durante muchos años. Además, también creó el Departamento de Cine de la Universidad Central y el Cine Club Universitario. Antes de su invento, el cine ya estuvo en nosotros.Hemos proyectadohacia dentrouniversos de sueñoque la vigilia jamás conocerá. Visibilidad,propuso Italo Calvinopara el próximo mileniopensar con imágeneshuir del vértigode lo innumerable,dejando palabrasen los pozos sin fondodel nacerindecibleal moririndefinible. Visión intensiva:poesía posibledel imposiblemundo viviente. Estrella, aunque fue siempre un quiteño a muerte, viajó mucho. Quería observar, mirar de cerca los problemas de otros pueblos, compartir el arte, las visiones, las preocupaciones, no en vano el movimiento tzántzico se había inspirado, en parte, en la insurrección en Cuba, acontecimiento entonces reciente y que marcaría a generaciones. La ciudad de Quito fue siempre un referente y una obsesión para Ulises. ¿ESA CIUDAD? que sueñocada noche,será ésta?¿esa esquinaque doblocada mañana,será el camino?¿esos techos,paredes,camas,mesas y ventanas,serán,en verdad,nuestras casas?o,quizástan sólovivimosla sombra de esas cosas? Será por eso que emprendió en el año 2011 Quitología, un proyecto educativo con el fin de enseñar a los niños a conocer esta ciudad más allá de lo evidente, a través de sus calles, de sus monumentos e historias ancestrales, una “cátedra informal que hace una vinculación entre la historia, la leyenda, el mito y el arte con la realidad actual para que a más de lo que aprende diariamente en clases el alumno pueda tener un acceso a la realidad actual de su ciudad sin olvidar sus historias”. Además de poeta y cineasta, Estrella también incursionó en la narrativa y el teatro con obras como las novelas Fábula del soplador y la bella (1995); Quilago, la mujer solar (1999); el libro de relatos Tiempos antes del furor (1967), y la obra Apenas este mundo (1969). Ulises nos dejó un rastro de luz.