Ecuador / Martes, 20 Enero 2026

Identidad fluida

¡Huairapamushcas!  ¡Hijos del viento!  ¿Qué nombre tenéis?   ¿Cómo os llamáis? 

Tener un nombre es el signo de identidad más básico del ser humano.  El sólo tenerlo ya nos hace un sitio en el mundo. Los psicólogos dicen que, para la vida, el nombre es aún más importante que el apellido.

Al principio del año lectivo, al tomar lista, constato que entre la población urbana joven, entre mis estudiantes, hay una práctica de llevar dos nombres y usarlos alternativamente.    Uno por el que se les conoce en casa. Otro por el que se les conoce en la universidad.  Percibo que algunos quisieran distanciarse de su vida primigenia.  O tener un yo privado y otro público.  Siento como si estuvieran ocultando una parte de ellos mismos.  Como que quisieran ser otros.

¿Y si a ese nombre compuesto se agrega un apodo?  ¿Cómo puedo yo identificar a la persona con nitidez?  ¿A qué se debe la dualidad de su identidad?   ¿Están estos chicos y chicas jugando al escondite? ¿Se disfrazan? ¿Qué significa este fenómeno culturalmente hablando?  ¿Estamos frente a un fenómeno de identidad cruzada?

Los indígenas cambian al quichua nombres y apellidos.  Nina, Pacha, Killa, Inti, Amaru, Sayri, Yaku.  Inversamente, los padres mestizos buscan nombre de afuera.  Josellyn, Annabelle, Jhonathan.

El cómo nos llamamos, o hacemos que nos llamen, tiene un significado.  Los nombres alternativos que toma una persona serán valorados por los demás dependiendo del contexto cultural; nuestros jóvenes al alternar en diferentes espacios culturales, usan una estrategia de adaptación; se ponen el nombre y la personalidad que prefieren, --como si se cambiaran de gorra--, de acuerdo a la circunstancia en la que viven. 

La práctica de nombres múltiples en nuestra sociedad señala el énfasis que la persona quiere poner en una u otra identidad.  En la mayoría de los casos, el nombre público señala o la construcción de una identidad emergente o al contrario, el rechazo u ocultamiento de una identidad previa relacionada con alguno de los componentes construidos socialmente, como son el estatus social o el origen étnico.  Lo cierto es que estamos frente a un fenómeno de impermanencia, que bien podríamos bautizar como identidad fluida. (O)